Ponte mis orejas de conejita y mírame bien. Estoy hambrienta de verte tocarte. Sácala ya, dura para mí, y sigue mis órdenes: lento, ahora rápido, paro cuando me provoques. Ves cómo se me nubla la mirada, cómo mi lengua se humedece los labios, cómo gimo cuando obedeces. Necesito que aguantes hasta que yo lo diga. Dame tu leche cuando te lo ordene. ¿Me la das, conejito?